EVOLUCIÓN GEOLÓGICA DEL RELIEVE PENINSULAR. EL ROQUEDO
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TEMA 2.- EL RELIEVE.
EVOLUCIÓN GEOLÓGICA DEL RELIEVE PENINSULAR.
El relieve terrestre es el resultado de la actuación de fuerzas internas o endógenas (tectónica) y externas o exógenas (erosión). De la actuación de ambas resultan la morfología y el modelado de la superficie de la Tierra.
El relieve actual español es producto de una larga y compleja evolución gerológica. Las eras geológicas son las siguientes:
.- Precámbrico (4.700 millones de años-570 millones de años).
.- Paleozoico o Primario (570-225 millones de años).
.- Mesozoico o Secundario (225-65 millones de años).
.- Cenozoico (65- hasta nuestros días).
Cada era se divide en periodos; por ejemplo, el Cenozoico se divide en Terciario y Cuaternario.
Las tierras emergidas han ido cambiando a lo largo de todos estos millones de años hasta llegar a su configuración actual. Han existido tres grandes orogenias o procesos de levantamiento de montañas:
.- Orogenia Caledoniana en el Paleozoico.
.- Orogenia Herciniana, también en el Paleozoico.
.- Orogenia Alpina en el Terciario (Cenozoico).
Entre estas orogenias ha actuado la erosión y la sedimentación.
En el Precámbrico o era Arcaica no existían tierras emergidas en lo que actualmente es la Península. En la Tierra existía un único continente denominado Pangea. Al principio del Primario o Paleozoico, Pangea se fragmenta y se formarán dos placas o continentes: Laurasia al Norte y Gondwana al Sur, separados por el Mar de Thetis. Estos dos fragmentos del primitivo Pangea comenzaron a chocar entre sí dando lugar a la orogenia Caledoniana.
Entre estos dos continentes y en el solar de ese antiguo Mar de Thetis fue donde se forjaron las tierras peninsulares. La orogenia herciniana (iniciada hace unos 350 millones de años) en la era Primaria será la primera que afecte al futuro solar peninsular. A partir de fuertes empujes o presiones laterales, se podujo una lenta emersión desde el fondo marino de diversas cadenas montañosas de dirección NO-SE: el Macizo Hespérico o Ibérico (núcleo fundamental de la futura Meseta) y zonas de los actuales Pirineos y Subbética. Se trata de rocas duras que forman el zócalo endurecido central. Profundidades océanicas bañarán los bordes del macizo.
Durante el Mesozoico no hubo orogenias, pero sí actuó la erosión y la sedimentación. Hubo importantes cambios en el nivel del mar, el cual avanzaba (transgresión) y retrocedía (regresión) debido a las glaciaciones. Las montañas hercinianas quedarán erosionadas, arrasadas y niveladas. Al mismo tiempo, sobre el Macizo Hespérico y en los mares que lo rodeaban (geosinclinales pirenaico y bético) se depisitan materiales sedimentarios, los cuales se plegarán en la orogenia posterior o alpina.
Durante el Cenozoico (Terciario) tuvo lugar esta última orogenia: la alpina. Ésta terminará de perfilar el relieve peninsular:
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El choque entre la placa ibérica y la europea hace que se forme, por plegamiento de materiales sedimentarios mesozoicos (con mezcla de materiales antiguos precámbricos), los Pirineos y la Cordillera Costero Catalana.
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El choque entre la placa ibérica y la africana hace que surjan, de la misma manera, las Cordilleras Béticas.
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Se forman las depresiones alpinas, del Ebro y del Guadalquivir, primero anegadas por el mar, pero con la erosión postalpina recibirán sedimentos de las nuevas montañas, dando lugar a los futuros valles del mismo nombre.
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Los sedimentos secundarios de poco espesor dejados en los bordes del antiguo Macizo Hespérico se pliegan dando lugar a la Cordillera Cantábrica y Sistema Ibérico.
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El reborde meridional (materiales antiguos, duros y rígidos) del Macizo Hespérico dando lugar al escalón de Sierra Morena.
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La parte central y occidental del Macizo Hespérico, formado por los materiales más antiguos y duros, se fragmentaron, comprimieron y experimentaron un abombamiento. Así, aparecieron unos bloques levantados (horst) y otros hundidos (graben), que se corresponden con las montañas interiores, el Sistema Central y los Montes de Toledo, y las cuencas o depresiones interiores del Duero, Tajo y Guadiana.
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Al mismo tiempo, todo el conjunto del antiguo zócalo quedó basculado hacia el Oeste.
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Finálmente, se dan fenómenos de tipo volcánico en zonas de debilidad tectónica: Olot (Gerona), Cabo de Gata (Almería) y Campos de Calatrava (Ciudad Real). Es estos lugares pervive el vulcanismo con caracter residual.
La fuerza erosiva posterior, de finales del Terciario y del Cuaternario, rellenará las depresiones, creará las llanuras litorales y formará terrazas fluviales. En el Cuaternario, el efecto más importante para el relieve fue el producido por las glaciaciones que esculpieron las cumbres y vertientes de la alta montaña de los Pirineos, Picos de Europa, Sistema Central y Sierra Nevada.
EL ROQUEDO.
Las distintas unidades de relieve que encontramos en la Península están formadas por distintas rocas que forman capas o estratos depositados unos sobre otros, de forma que los más recientes simepre son los que están encima, salvo que algún movimiento haya alterado este orden natural; en este caso aparecen fracturas.
Las rocas son materiales que se encuentran en la superficie terrestre y están constituídas por uno o más componentes; también se pueden formar por detritus o descomposición de otras rocas.
Las rocas se pueden clasificar, atendiendo a criterios de formación y génesis, en:
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Rocas ígneas: formadas en profundidad por el enfriamiento progresivo del magma (masa rocosa fundida que está en el interior de la Tierra). Si se enfría lentamente da lugar a rocas plutónicas o intrusivas, y si se enfría rápidamente y en superficie origina rocas volcánicas. Se aprecia en ellas grandes cristales. Un ejemplo sería el granito.
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Rocas sedimentarias: proceden de otras rocas o minerales y se encuentran depositadas de forma horizontal. Algunos ejemplo serían los comglomerados, las areniscas, las calizas.
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Rocas metamórficas: son aquellas rocas o minerales sedimentados y alterados por las altas presiones y temperaturas. Ejemplos serían las pizarras, los esquistos, gneis, cuarcitas.
Los tipos de rocas que constituyen el sustrato del relieve peninsular son muy variados, tanto en su composición como en la distribución de los mismos. De ahí la diversidad de paisajes.
Eduardo Hernández Pacheco (1872-1966) hizo la distinción, ya clásica y aceptada, de tres grandes conjuntos litológicos peninsulares:
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Hispania Silícea. Predominan las rocas intrusivas (granitos) y metamórficas (pizarras, gneis, cuarcitas y mármoles), en cuya composición está presente el sílice.
Estas rocas se encuentran en los terrenos de formación más antigua de la Península, pertenecientes a la era Primaria o Paleozoica. Su antigüedad explica lo desgastados que están estos relieves por la erosión. Ocupan todo el occidente peninsular, desde Galicia a Sierra Morena (Galicia, Oeste de Castilla y León, Extremadura), con ramificaciones en el Sistema Central, los Montes de Toledo y Sierra Morena; también se encuentran en el Pirineo axial, en sectores del Sistema Penibético, de la Cordillera Costero Catalana y, en menor medida, en el Sistema Ibérico (al Norte).
El modelado característico es el provocado por las alteraciones del granito a partir de la red de diaclasas o fracturas. El agua penetra en las fisuras del granito ocasionadas por los camabios de temperaturas y, al convertirse en hielo, rompe las rocas. Según como sean las diaclasas y se rompan las rocas así serán los distintos modelados:
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Crestas agudas, escarpadas y dentadas (galayos) en las zonas de alta montaña.
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Canchales: acumulaciones de de fragmentos de rocas al pie de las montañas.
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Berrocales: son bolas que se forman a través de una red de diaclasas perpendiculares. Se denominan Tores cuando se produce un amontonamiento de bloques redondeados, en equilibrio unos sobre otros. Si se queda una piedra en equilibrio sobre otra más pequeña se denomina piedra caballera; ejemplo sería la Pedriza del Manzanares en la Sierra de Guadarrama. Cuando las bolas se disponen de forma caprichosa en las laderas o al pie de las montañas se denomina caos granítico.
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En las zonas menos elevadas, si la alteración se produce a partir de diaclasas paralelas a la superficie, origina la descamación o disgregación lenta del granito, resultando un paisaje suavemente ondulado, de formas redondeadas (domos).
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Gargantas: formadas por la erosión lineal de los rios sobre el granito duro e impermeable. Arribes del Duero, en Portugal.
2.- Hispania Caliza. Está formada por rocas sedimentarias de la era secundaria y primeros de la era terciaria que se plegaron, posteriormente, durante la orogenia alpina en la era terciaria. Son rocas predominantemente calcáreas o calizas: roca dura, formada por acumulación de restos duros de animales y caparazones marinos. Se fractura formando grietas o diaclasas, por las que penetra el agua y disuelve la calcita (principal componente de la caliza).
Su distribución dibuja un Z invertida que arranca desde la costa de Gerona, sigue por el sector externo de los Pirineos o Prepirineos, los Montes Vascos y el sector oriental y central de la Cordillera Cantábrica; baja por el Sistema Ibérico extendiéndose por parte de la Cordillera Costero Catalana y finaliza en la Cordillera Subbética hasta llegar al Estrecho de Gibraltar.
El terreno calizo, al disolverse la calcita a traves de las grietas, origina un relieve complejo llamado relieve cárstico, cuyas formas características son las siguientes:
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Lapiaz o lenares: surcos abiertos por las aguas de escorrentía por las vertientes o superficies llanas. Si las fisuras están próximas, los surcos son estrechos y separados por tabiques cortantes (lapiaces lineales); si están separadas, quedan extensas superficies planas entre los surcos (lapiaces en mesas). También dan lugar al mar de piedra (cavidades separadas por tabiques agudos).
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Dolina o torca: son cavidades que se originan en los lugares donde el agua se estanca. Pueden tener formas diversas (circulares, de embudo, de pozo) y unirse con otras cavidades cercanas, creando depresiones de trazado complicado denominadas uvalas. Ejemplo importante es el Torcal de Antequera.
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Poljé: es una depresión o valle alargado cerrado y de fondo horizontal, recorrido por una corriente de agua que desaparece y continúa circulando subterráneamente. El poljé se puede inundar permanentemente y llegar a formar un lago.
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Formas ruiniformes: formas caprichosas (Ciudad Encantada de Cuenca).
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Gargantas, foces u hoces: son valles estrechos y profundos, enmarcados por vertientes abruptas, causadas por los ríos.
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Cuevas o grutas: se crean al infiltrarse el agua por las fisuras del terreno calizo y circular de forma subterránea. El mismo modelado cárstico se forma bajo tierra. Suelen formarse estalactitas (a partir del agua, rica en carbonato cálcico, que gotea del techo) y estalagmitas (a partir del agua depositada en el suelo). El agua infiltrada puede volver a la superficie a través de manantiales, resurgencias u “ojos” del río. Las simas son aberturas estrechas que comunican la superficie con las galerías subterráneas.
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La acción cárstica junto con el retocado de los glaciares da lugar a altas cumbres en forma de torres y paredones casi verticales (Picos de Europa).
3.- Hispania arcillosa. Está constituida por materiales sedimentarios depositados a finales de la era terciaria y durante el cuaternario, los cuales no han sufrido ninguna orogenia. Son materiales poco resistentes y permeables como margas, yesos y arcillas.
El área arcillosa se extiende por las depresiones del Ebro y del Guadalquivir, buena parte de las cuencas interiores de la Meseta, en las hoyas interiores de los Sistemas Béticos (Guadix y Baza) y en las llanuras costeras aluviales mediterráneas.
El relieve arcilloso es básicamente horizontal, ya que son terrenos no afectados por plegamientos posteriores. Su erosión es rápida, debido a la blandura de los materiales. Las formas de relieve más usuales son las siguientes:
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Campiñas: los ríos abren valles que separan estructuras horizontales, que son pronto desgastadas, dando lugar a relieves suavemente ondulados (Tierra de Campos, Palencia y Valladolid).
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Mesas o páramos (reieve tabular): se producen cuando los estratos horizontales alternan los duros y blandos; la red fluvial separa plataformas, las mesas o páramos, que tienen la cima horizontal, coincidiendo con el estrato duro, y flancos suaves coincidiendo con los estratos blandos. Los flancos se erosionan más ràpidamente, de modo que las mesas se reducen y acaban convirténdose en cerros testigo (colinas de techo horizontal) o relieves residuales, que al final pierden el estrato duro (antecerros). Este relieve es típico de las cuencas sedimentarias meseteñas (Parameras del Duero) y en las depresiones del Ebro y Guadalquivir.
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Cárcavas o badlands: hendiduras estrechas y profundas separadas por aristas, que crean una topografía abrupta similar a una montaña en miniatura. Se producen allí donde las precipitaciones son escasas y torrenciales, y la poca vegetación no protege el suelo; así, el agua de arroyada ahonda en las arcillas formando regueros muy ramificados que producen abarrancamiento (Campo de Tabernas, Almería).
Las rocas volcánicas están representadas en Canarias: coladas de lava, calderas y conos. En la Península, las rocas volcánicas aparecen en lugares muy reducidos y asociadas a fenómenos de fracturas de finales del terciario: Cabo de Gata, Campo de Calatrava (Ciudad Real) y la comarca de Olot (Gerona).